
Lo que parecía haber sido un mero incidente, uno de esos incidentes que tanto ocurren en la Mansión-X, se convierte en un infierno cuando el poder del Fénix se desboca, atacando a los miembros de la Patrulla-X y reviviendo a las Cuco, quienes se alzan de sus tumbas medio podridas cuales zombies.
Siguiendo de nuevo la llamada, las Cuco se dirigen a un complejo de Arma Plus, sin razón aparente, donde el agente Jake está en activo. Poco tardan Emma, Cíclope, lobezno, Bestia, Gatasombra y Coloso en acudir al mismo lugar.
Y aquí empieza el quid de la cuestión. Encuentran una sala llena de clones envainados de las Cuco, quienes a la vez resultan ser clones de Emma Frost. Y, es más, no son totalmente orgánicas, sino que se tratan de ciber-organismos que traducen la energía en información y viceversa.
Si ya de por sí esto no era suficientemente inquietante, acaban por tropezar con la sala de clones fallidos, lleno de seres horribles y deformados; hecho que acaba por desatar la furia de Celeste (una Cuco), manifestando plenamente los poderes del Fénix y un uniforme azul realmente curioso.
Lo siguiente es previsible, páginas y páginas de mamporros, pero con un giro curioso del guión: las Cucos zombies se deciden por ayudar a la Patrulla en su eterna y ardua tarea de salvar el mundo sin llevarse comisión. Nuevamente siguen varias páginas de sepiazos varios que resultan en la destrucción total del complejo de Arma Plus.
Como colofón, Emma lobotomía psíquicamente a las Cuco (las vivas) para que sean poco más que cascarones, y adquirir así la capacidad de mantener congeladas sus respectivas porciones de Fuerza Fénix, a fin de neutralizar una nueva amenaza en potencia.
En conclusión: el listón estaba muy alto. Sinceramente, La Canción Final de Fénix había alcanzado una cumbre muy difícil de batir, tanto por su poético dibujo como por su esotérico guión.
El cómic tiene sus puntos bueno (o, cuanto menos, curiosos), como la sala de múltiples clones al estilo Rei Ayanami en Evangelion, los clones deformes que recuerdan a los clones fallidos de Ripley en Alien 3, las Cuco zombies que se suben por las paredes aún a pesar de estar mutiladas, o el hecho de que Celeste sea quien más conciencia individual desarrolle.
A pesar de esto, no deja de ser un tomo intrascendente que no dejará huella (seguramente) en ninguna otra colección. Como lectura ligera está bien, tiene acción, robots, superpoderes y colegialas desbocadas, pero como continuación de una de las miniseries más bonitas que he leído en Marvel, deja bastante que desear.
Eso sí, debo hacer hincapié en que el uniforme de Fénix de color azul que lleva Celeste es precioso.
Excelsior!





























